¿Qué se revisa primero?
La textura del exterior: debe sentirse firme pero ceder al tacto, nunca dura ni gomosa.
¿Cómo se ve por dentro al cortarla?
El centro debe fluir despacio, no explotar de golpe ni quedarse completamente sólido.
¿Y el sabor?
Ligeramente dulce por la leche, nunca ácido ni con notas metálicas — esas son señales de que ya perdió frescura.